9.12.09

Michaux - Capítulo 3 -continuación II- (El Onirógrafo)


XI

Henri Michaux dice:

Soñar estando dormido, ¿Es ante todo, ver imágenes y escenas, es tener sensaciones de lo visible, de lo audible?

Para mí, desde siempre, si exceptúo una lejana época hacia la edad de seis años, en la que tenía pesadillas, mis sueños fueron pálidos, sin colores. Apenas nada veía allí, ni oía gran cosa. Nada que mereciera visualmente la atención. Poco más o menos, nada de lo que pertenece a los sentidos llamados nobles me llegaba. Revivía allí, en la oscuridad y el silencio, algunas impresiones. Malestares, aburrimientos, abstraídos de su origen, al igual que de su entorno, pasaban sobre mí, en nubes de sensaciones, en pasajes que se repetían.

¿Qué decir de aquello? Que no pasaría, que todo se mantendría así. Quizá también ya estaba marcado por las ensoñaciones del día. Y por sus repeticiones sin fin, en las que me complacía.

(…)

Sin embargo, desde hace una decena de años, gracias a una experiencia cerebral provocada, he conocido, por primera vez, luego, más tarde, en el sueño los que son las imágenes visuales, coloreadas, luminosas, óptimamente llamativas; creí comprender a los que me habían irritado tanto hasta entonces al hablarme de sus sueños, de lo que en ellos habían visto y reencontrado, que era tan claro, decían, y de los que, al oírselos, guardaban un recuerdo claro. Porque los míos, exaltados durante algún tiempo, pronto vinieron a recaer en la habitual grisalla; me obligué a examinarlos y al despertar recordar algunos e incluso anotarlos en tanto fuera posible; pero apenas sí atrapaba pequeños fragmentos, que tenía que perseguir en la memoria para reencontrarlos. Incluso si habían sido muy desagradables, a condición de que hubieran tenido una buena calidad óptica, me habrían interesado más, habría recordado mejor, habría tenido una base. Relatarlos, escribirlos –nuevo inconveniente-, los deformaba al precisarlos demasiado. Necesitaba también páginas para “comprender” las cosas más pequeñas –a causa del fenómeno de sobrefijación de imágenes- y también por el desplazamiento de los hechos.


XII

Y más adelante, como comentario a su sueño “El jaguar dormido”, anota:

Las imágenes que parecían formar una historia, o más bien, un continuum, solamente tienden, o parecen tender hacia el continuum. Esas imágenes, intentadas en semejantes términos de comparación, me hacen pensar en una redacción en la que no dudo todavía entre muchas expresiones, o muchas palabras o imágenes, traducciones más o menos buenas o defectuosas de las que querría lograr y de donde me decido a eliminar una e incluso dos de esas expresiones, no porque hagan el caso, sino porque son deseadas.

Sin ocuparse de la contradicción, el sueño, sin eliminar las versiones inútiles, comunica una realidad de muchas maneras.

Sea una o varias, el sueño es una redacción de la que no se es responsable.


Artista plástico: J. K. Potter.

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