6.7.09

Imágenes / Insectos - Capítulo 3 (El Onirógrafo)

I

Pero… ¿quién escribe?

II

Según Octavio Paz, en la mejor tradición legada por Arthur Rimbaud: “Sabemos que nuestro ser es siempre sed de ser otro y que sólo seremos capaces de ser nosotros mismos si somos capaces de ser otro. Le pedimos al arte el secreto del cambio y buscamos en la obra, cualesquiera que sean su época y estilo, ese poder de metamorfosis que constituye la esencia del acto mágico”.

III

Pero… ¿quién escribe? ¿Yo, o el otro? ¿El otro o el soñado?


Me permito entonces la pregunta: ¿Soy otro el que sueña? ¿Me desgajo ante mis ojos cerrados, dentro del sueño?

¿Aquel que dormido logra alejarse del lecho para sobrellevar la letra, o aquel que enajenado en la vigilia caza imágenes-insectos capaces de guardar a otro dentro de nosotros mismos?


IV

El propio Chuang Tzu cuenta de sí mismo:

Chuang Tzu soñó que era una mariposa. Al despertar ignoraba si era Tzu que había soñado que era una mariposa o si era una mariposa y estaba soñando que era Tzu.


V

Crisálida o espacio onírico, hecho de “esenciales envolturas”, donde el acceso a la vigilia es una voluta más de una geometría y de una dinámica de lo envolvente.
Pasar del sueño a la vigilia y de la vigilia al sueño nos mantiene en una grotesca cinta de Moebius, cuya mayor deformidad consiste en el enfrentamiento permanente de la voluntad de develamiento de la vigilia con la voluntad de ocultamiento que hunde sus raíces en la espesura del cuerpo durmiente.


VI

Y, entonces… ¿Qué es el sueño separado del recuerdo del sueño? ¿Y qué el recuerdo del sueño donde la pequeña mariposa duda si habrá soñado alguna vez ser tan increíble ser como Chuang Tzu?

18.6.09

Sueño 812 / - Fabián San Miguel



Sueño 812 /

veo cuerpos desnudos. Me siento en el extremo de una escalera y los peldaños se abren como seres extraños. No hay salida. En lo alto, una ventana habla en una lengua que no entiendo. Cierro los ojos e intento recordar de la misma manera que lo haría un ciego. Mis sentidos tantean, escupen: las paredes permanecen fieles a un secreto que no puedo develar. Al llegar a un descanso, regreso. La cama se mece, horriblemente. Ahora sí reconozco a esos cuerpos desnudos en la oscuridad, intento acariciarlos para despedirme. Busco un lugar donde dormir. Las imágenes se congelan: de alguna forma todo parece resolverse. En el piso superior hay infinidad de pasillos y cientos de puertas. Entro a un cuarto cualquiera. Al poco tiempo suena el despertador. Para callarlo el perro de Bob Dylan, que duerme en la cama contigua, dice: “Vas a despertar a mi cartel de no se admiten animales”. Tiemblo, contrariado.

Texto: Fabián San Miguel.

31.5.09

Escribir... - Miguel Ángel Bustos

Foto: Moira Pérez

Escribir con la velocidad del sueño, el sueño que soñaré.
Texto: Miguel Ángel Bustos.

17.5.09

Máscaras fluidas - Capítulo 2 -Continuación III- (El Onirógrafo)


XI

Sigo con Bachelard, y entiendo con las mismas características a la poesía del onirógrafo y a sus sueños:
De las transformaciones oníricas no retenemos sino las estaciones. Y sin embargo, son la transformación o las transformaciones las que hacen del espacio onírico el lugar mismo de los movimientos imaginados.
(….)
Velo de Maia no arrojado en absoluto sobre el mundo, sino sobre nosotros mismos por la noche bienhechora, velo de Maia apenas del tamaño de un párpado. ¡Y qué densidad de paradojas cuando imaginamos que ese párpado, que ese velo pertenece a la noche tanto como a nosotros mismos!
(….)
Para dormir bien hay que seguir la voluntad de envolvimiento, la voluntad de crisálida, seguir su centro, en la suavidad de espirales bien enroscadas, el movimiento envolvente; en pocas palabras el esencial devenir curvo, circular, huyendo de los ángulos y las aristas.

XII

Leo en el fragmento de un diario, que he escrito hace tiempo, un diálogo entre Johnny Depp y Allen Ginsberg:

JOHNNY: Hubo momentos en los que me sentí muy calmo respecto de todo lo que me rodeaba, de todo lo que sucedía en mi interior. La última vez que sentí esa calma estaba en el sur de Francia, en casa de unos amigos. Estaba sentado en un coche, con mi chica, rodeado de árboles.

ALLEN: ¿Recordás qué podías oir en ese momento?

JOHNNY: Había un hermoso silencio, y algo que me hacía sentir que no hacía falta que dijeramos nada.

ALLEN: ¿Algún sabor?

JOHNNY: Oh, el sabor que recuerdo es el de un beso. Tenía un gusto tibio.

ALLEN: Cuando yo escribo poesía, lo que hago es tomar un momento en el tiempo, como ése, y reunir todos los elementos - imágenes, olores, sabores, sensaciones - para ver si pueden confomar un cuadro que logre transmitir esa sensación en la forma de una obra de arte.

A pesar de coincidir con Ginsberg, no puedo relacionar la poesía con la pintura, como se lo ha intentado hacer a través del tiempo. Sino que lo asocio directa­mente con lo que en la arte moderno se conoce con el nombre de instala­ción. Términos como "assamblage" o "environment", para mí, no le son desconoci­dos.

XIII

Juego con los términos:

Un poema es una instalación que es ubicada en un lugar particu­lar del mundo a través del cuerpo que le dio origen.

Un sueño es una instalación que es ubicada en un lugar particu­lar del mundo a través del cuerpo que le dio origen.

XIV

Y el cuerpo del onirógrafo no es un solo cuerpo. Es aquel durmiente del ocultamiento y aquel que durante la vigilia escribe, devela el velo pero a la vez vuelve a él para asir las imágenes y sensaciones con las que ha sido cubierto durante la noche, durante la amplia y profunda noche.
Pero así y todo, los cuerpos del onirógrafo no dejan de ser “máscaras, máscaras fluidas que nacen, representan su comedia o drama, y mueren”.

7.5.09

Las simpatías - Capítulo 2 -Continuación II- (El Onirógrafo)


VII

Cortázar agregaría: “Del mismo modo nuestro poeta, mago ontológico, lanza su poesía (acción sagrada, evocación ritual) hacia las esencias que le son específicamente ajenas, para apropiárselas. (…). Pero procede ritualmente como la magia, después de purificarse de toda adherencia que no apunte a lo esencial. En vez de fetiches, palabras claves; en vez de danzas, música del verbo; en vez de ritos: imágenes cazadoras.


VIII

Palabras claves, música del verbo, imágenes cazadoras: la poesía del onirógrafo.


IX

“El espacio en el que vamos a vivir nuestras horas nocturnas ya no tiene lejanía. Es la síntesis muy cercana de las cosas y de nosotros mismos”, diría Bachelard. Y para jugar con las simpatías puedo reconstruir esta frase, envolviéndola, devorándola al hacerla propia.

El espacio en el que voy a recordar mis horas nocturnas ya no tiene lejanía. Es la síntesis muy cercana de los sueños y de mí mismo.

El espacio en el que voy a escribir mis horas nocturnas ya no tiene lejanía. Es la síntesis muy cercana de los sueños y de mí mismo.


X

La poesía, del onirógrafo.

28.4.09

Sueño 809 / - Fabián San Miguel


Sueño 809 /

busco a mi madre. En la intimidad, un lagarto abrasa mi mente. Es­toy enfermo, desganado. En la barra de un bar dos hombres juegan a las cartas y toman tranquilizantes mezclados con alcohol, a esta hora de la noche no sé si podría ser uno de ellos. Las alcantarillas beben agua del desierto. Me dirijo a un hotel como coartada. El calor es intenso, doy vueltas en el hall hasta no dar más. Después de pedir una habitación encuen­tro a mi madre tras un cortinado. Dice entre balbuceos que al hacer la disec­ción de una rana ésta dio a luz un ojo. Vuelve a titubear y sus palabras no alcanzan los sentidos. Como una fractura expuesta ella da la sensa­ción de estar inutilizada. En un pliegue veo la pared oscura tras un relieve de tercio­pelo. La cama es demasia­do rígida, incómoda. Me levanto para tomar agua en el baño y caigo desvane­cido por las pastillas. Desfi­guro mi rostro contra los azulejos del borde de la bañera, casi sin sentirlo. Al amanecer, la sangre corre más roja, más liviana.

Texto: Fabián San Miguel.
Artista plástico: J. K. Potter.

20.4.09

Collage onírico de pulsiones armadas por otro - Daniel C. Montoya


Collage onírico de pulsiones armadas por otro

Los peces de peluche, simulando salmones en su etapa adulta, inundan el cuarto, nadan en el agua traslúcida del aire. Nadie en la habitación se atreve a respirar o a tragar lo que nos envuelve.
Javier, sentado desnudo en el filo de la cama, no se decide a hacerme el amor, según mis argumentos; aunque yo sólo quiero poseerlo. Nada más que dieciséis años tiene mi hermano; su piel todavía es fresca, suave, elástica; no está amarillentada por el cigarrillo, las drogas duras no la opacaron ni tiene las arrugas del alcohol. ¡Cuándo madurará!
Fabián, mi novio, observa, oculto; no lo veo pero sé que está; en el peso de mi imaginación está. Marianela se encuentra en algún lugar, cerca; sueño que va a entrar en cualquier momento. ¡Ahí está!, en mis ensoñaciones. Él es lo que debo ser. Ella es lo que quiero ser. Mi hermano lo que tengo ganas de hacer.
Observo de reojo el horizonte espacial del cuarto, es estanco, como lo es todo objeto inanimado o no mecanizado que pueda ir y venir. Un universo carente de su Big Bang que lo impulse a seguir expandiéndose nos contiene. Un sistema solar inactivo es nuestra cárcel. Pero dentro de él, nosotros tampoco nos podemos mover, paralizados en esa dimensión no humana sino de objeto, de galaxia aislada, sin rotación, de minúsculos planetas congelados, fuera del tiempo.
Somos cosas, caprichosamente instaladas ahí, esperando ser llevadas o arrojadas a algún otro lugar. Hasta Fabián, en mi imaginación, esta subsumido por la inercia en un costado superior del cuarto, en una posición que escapa, sana y salva de mi inconsciente, para ubicarse más allá de mí deseo intensamente personal y subjetivo, que otra fuerza realiza, según su propia y desconocida voluntad.
¡No piensen que es Dios! El no es tan perverso.
Colocan otro objeto en la habitación de mi fantasía de apetitos. Una cosa pegada encima de otra o frente a otra. Alguien lo quiere así. Nadie me consulta sobre qué visiones quiero ver o tener a mi lado. Como los salmones, que ahora son más. Pero no es Dios. Por primera vez en la historia él no existe, porque en este no-lugar, no hay lugar para él. Es un reloj que ahora cuelga del alto pie inferior derecho de la cama. Es el reloj robado al hospital. Marca inamovible las 12 horas. ¿Es mediodía? ¿O es medianoche? Esa hora no hora que con objetividad enlaza un día tras otro sin sentimientos que sean buenos o malos, sin culpas ni conflictos por defender derechos o entablar egoísmos.
Lo peor es que no puedo sentirme en ninguno de mis cinco sentidos. Estoy presente en una animación de otra dimensión, soy yo sin serlo. Como si fuera otra faceta de mi psiquis situada adrede para que todo sea una pesadilla, si asumo lo que quiero.
Los salmones bordó, sin darnos cuenta, desovan sus huevesillos, los fecundan y se multiplican hasta hacer imposible el no pisarlos.
Quiero tener sexo con mi hermano antes que nadie. Me gusta que mi novio me observe; aunque él no sabe de Marianela. Pero Marianela sí sabe de él.
¿Por qué tengo novio y novia a la vez? ¿Por qué no hacerlo con mi hermano? El reloj del hospital paralizado me despierta.
Todo está armado por otro.
Me llamo Adriana.

Texto: Daniel C. Montoya.
Collage: Fabián San Miguel.

17.4.09

Hikuli - Capítulo 2 -Continuación- (El Onirógrafo)

Fotografía: Moira Pérez

IV

Onirógrafo, el sujeto que es a la vez el mismo y el sueño del cual participa.

V

Cito a Lévy-Brühl (ya suspicazmente citado):

“…no se trata aquí solamente de analogía o de asociación (…): según los huichol, el ciervo es hikuli, el hikuli es trigo, el trigo es ciervo, el ciervo es pluma. Por otra parte sabemos que la mayoría de los dioses y de las diosas son serpientes, serpientes también las aguadas y las fuentes donde viven las divinidades; y serpientes los bastones de los dioses. Desde el punto de vista del pensamiento lógico esas -identidades- son y permanecen ininteligibles. Un ser es el símbolo de otro, pero no es este otro. Desde el punto de vista de la mentalidad prelógica esas identidades se comprenden: son identidades de participación. El ciervo es hikuli…".

VI

Poesía.

12.4.09

La vasta intuición - Capìtulo 2 (El Onirógrafo)


Capítulo 2

I
Yo, el onirógrafo al lado del primitivo, arrojado a la vasta intuición del poeta. Recojo el guante que se sumerge en la mano para ser palabra y escritura, semejanza y ritual.

II
Levanto, también, las ideas de Cortázar y las de Blondel:

“En el caso del primitivo. Su criterio de clasificación es la propiedad “mística” de cada cosa: como esas propiedades le interesan mucho más que sus caracteres objetivos, surgen de allí grupos heterogéneos (árbol-yo-sapo-rojo) pero que tienen para él la homogeneidad mística común. Y Blondel nos dice: “El sentimiento que (de la cosa) tiene la mentalidad primitiva es muy intenso; la idea que de ella se hace resulta extremadamente confusa”. Es esto, precisamente, lo que acerca al primitivo y al poeta: el establecimiento de relaciones válidas entre las cosas por analogía sentimental, porque ciertas cosas son a veces lo que son otras cosas, porque si para el primitivo hay árbol-yo-sapo-rojo, también para nosotros, de pronto, ese teléfono que llama en un cuarto vacío es el rostro del invierno, o el olor de unos guantes donde hubo manos que hoy muelen el polvo.
La serie árbol-yo-sapo-rojo vale como grupo homogéneo para el primitivo, porque cada elemento participa de igual propiedad “mística”; eliminemos esa referencia trascendente (¿lo es para el primitivo?) y sustituyámosla por participación sentimental, por analogía intuitiva, por simpatía.

III
Yo, el escriba de los sueños.
El árbol-onirógrafo-sapo-rojo.
Yo, una “identidad de esencia momentánea”.

No creo... - Laura Ramírez y Fabián San Miguel


No creo que exista demasiado para hablar. El lenguaje es una ilusión: un espejo o un espanto. Un espejo, un reflejo, una mueca o una distorsión. ¿Realidad o fantasía? Pero te vi. Saliendo de aquella tienda, como si hubieses asesinado a alguien: pero nunca pude descubrir cuál era (es) tu arma favorita. El horror se leía en tu cara, la fascinación en tus ojos. Me miraste fijamente (tan solo unos segundos) y lo supe en ese mismo instante en que me contagiaste esta extraña sensación que me acompaña desde entonces.
—Dr. Sivak. O debería llamarlo Sr. Glass: ¿Cuál es el espacio, esta sensación que está fuera de todo parámetro? Si no puede no me conteste ahora… pero ¿Cuál es su arma favorita?
Respiró hondo, hizo algunas anotaciones -que incluían la receta de una nueva droga experimental- y sin siquiera levantar la vista me recordó que ya era la hora. Me acompañó a la puerta (como siempre), fríamente nos saludamos hasta la semana siguiente (como siempre) y salí a la calle con mi extraña sensación (como desde ese día).
Y cada vez que pienso en un gato –droga ¿experimental?-, pienso en un asesino (o en un asesinato). Despacio, tenue: casi imperceptible. La boca, las garras: Sr. Glass, perdón Dr. Glass: fríamente: cada vez: todo se vuelve imperceptible: sus palabras. Estoy aquí para que todo sea suficiente.
Voy a la dirección señalada; lugar extraño en medio de la ciudad, pasillo al fondo, bien al fondo, timbre que da idea de electrocutarte al tocarlo, señorita-secretaria-recepcionista que con la misma actitud fría que acompaña a todo este proceso me entrega las experimentales pastillas. Las había imaginado de colores; en vez, son grises. Todo se vuelve enorme: los gestos, la sexualidad, la comida. Pero sobre todo las pastillas. No hay colores: solamente el blanco y negro, como si estuviésemos mirando (siendo parte)-(d)el primer arribo humano a la luna: Un gran paso para la humanidad… con un inesperado impacto en mi cuerpo, ¿o será en mi cerebro? En realidad no sé qué esperaba si es que acaso esperaba algo. De todas formas me tomó por sorpresa. No creo que exista: demasiado para hablar.

Onirógrafos: Laura Ramírez – Fabián San Miguel.
Fotografía: Fabián San Miguel.